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Sobre las licencias


El Copyleft

El concepto de copyleft es acuñado, como se ha repetido varias veces en esta guía, por el movimiento del software libre. Este movimiento trataba de dar así una expresión política a un conjunto de licencias que garantizaban que sus programas no fuesen objeto de apropiación (registrándolos como propios o utilizándolos con licencias restrictivas) por parte de empresas o particulares sin escrúpulos. Para que un programa fuese software libre tenía que cumplir cuatro libertades: la libertad de uso del programa con independencia del propósito de quien lo usa, la libertad de estudiar el funcionamiento del programa y de adaptarlo como se quiera (lo que hace que necesariamente el código fuente esté disponible), la libertad de redistribuir copias y la libertad de mejorar el mismo programa y de publicar las mejoras.

Sin embargo, en el ámbito de la edición, y en general en todo lo que se refiere a los «bienes culturales» (obras gráficas, musicales, vídeo), se entiende que una obra es copyleft si cumple el requisito mínimo de que se permite su difusión y distribución no comercial. Esto implica la libertad de copia, su digitalización y distribución gratuita en Internet. Evidentemente, este copyleft «de mínimos» puede ser ampliado con permisos para la generación de obras derivadas a partir del original (como por ejemplo una adaptación cinematográfica, una traducción, una obra nueva sobre fragmentos de la primera, etc.), o bien con permisos para realizar ediciones comerciales por parte de terceros, o incluso todo esto a la vez y siempre sin tener que volver a consultar a los titulares de los derechos.

El copyleft en la edición tiene una historia propia y poco conocida. Una historia que le conecta con los ámbitos contraculturales de las décadas de 1970 y 1980. Esta historia se reconoce principalmente en la etiqueta del anticopyright, que como su nombre indica era una negación consciente de las legislaciones de propiedad intelectual y de la convención internacional del copyright. El anticopyright estuvo animado por un importante movimiento de autoedición. Ponía el acento en la necesidad de generar un cuerpo de conocimientos libres, no regulado por una legislación cada vez más restrictiva y que actuaba invariablemente de parte de las grandes corporaciones y entidades que normalmente gestionan los derechos de explotación de los autores. Sin embargo, este movimiento, que cumplió un importante papel a la hora de cuestionar los principios de la propiedad intelectual y en la ofensiva contra la ampliación de la duración y la extensión del copyright, quedó estrechamente ligado a los procesos de autoedición de la década de 1980, sin que encontrase canales que lo convirtiesen en una herramienta de uso general por parte de los autores y el público.

Por esta razón, el copyleft se ha convertido en un instrumento mucho más versátil y flexible, ya que permite una amplia gama de posibilidades con diferentes grados de libertad y de conservación de algunos derechos por parte del autor.

Además el copyleft no niega la legislación vigente. Se adapta a la misma, ahorrando una multitud de posibles problemas legales a aquellos autores que en principio no están dispuestos a mayores aventuras que las que se derivan de experimentar con la creación de sus obras.

NOTA: Texto tomado de “El copyleft en el ámbito de la edición“, Emmanuel Rodríguez (Traficantes de Sueños).


Creative Commons

Creative Commons1 es una alternativa al copyright tradicional, desarrollado por una organización sin fines de lucro del mismo nombre. Por defecto, la mayoría de los trabajos originales son protegidos por el copyright, el cual confiere derechos específicos sobre el uso y la distribución. Creative Commons permite a los usuarios del copyright liberar algunos de estos derechos mientras se retienen otros, con el objetivo de incrementar el acceso y la compartición de la propiedad intelectual.

El copyright ha sido históricamente una proposición de todo-o-nada: un trabajo o está en el dominio púbico, o su propietario afirma “todos los derechos reservados “. El término de protección del copyright para la mayoría de los trabajos se ha dilatado considerablemente, desde los 14 años (en 1970, cuando la ley del copyright fue decretada por primera vez en EE UU) hasta los 70 años después de la muerte del creador del trabajo. Viendo la necesidad de opciones además del “dominio público” y de “todos los derechos reservados” los creadores de Creative Commons buscaron establecer un terreno intermedio de “algunos derechos reservados” que respete la propiedad intelectual mientras se expande el uso aceptable del material protegido. Todas las licencias requieren atribución, y la menos restrictiva solamente requiere atribución. Otras licencias incluyen: “No Derivadas”, “NoComercial-NoDerivadas”, y “Compartir Igual” la cual requiere derivadas para tener las mismas licencias que la original. El uso de Creative Commons, para un fotógrafo, por ejemplo, podría permitir escoger a cualquiera reproducir sus fotos o hacer trabajos derivados de ellas, con tal de que se haga para propósitos no comerciales.

Creative Commons coloca un poder sin precedentes en las manos de propietarios de contenidos y de usuarios, creando un ambiente en el cual las restricciones están en la última fila frente a los permisos, y que el talento creativo de las personas benefician al bien común.

En algunos casos, las personas que tienen el tiempo y los recursos para buscar el permiso formal de usar propiedad intelectual están imposibilitados de localizar al propietario del copyright o aún más de determinar cuáles de los trabajos están protegidos. Debido a que las licencias Creative Commons están junto al contenido, la gente sabe inmediatamente las condiciones bajo las cuales su uso es permitido, sin tener que localizar a los propietarios del copyright o quejarse sobre lo que haya que hacer si no fueron encontrados.